Azar y vanidad (Sólo para no iniciados)

INTRODUCCIÓN

Decía Descartes que nada había más equitativamente repartido en el mundo que la razón, pues todo el mundo cree tener suficiente. Y esto viene a ser lo mismo que declarar al hombre un ser universalmente fatuo. Lo somos hasta el punto de creernos infalibles frente al prójimo, mejores, más capaces, más dotados para llegar al fondo de la “Verdad”, así, con mayúsculas, como si esta existiese y nosotros tuviésemos grabada en el cortex la senda que conduce a ella. Tanto es así, que da lo mismo las veces que hayamos errado en la vida o los enrevesados problemas que nos hayamos generado por seguir ciegamente los designios de nuestra “infalible” conciencia, ninguna estadística vital puede arruinarnos el convencimiento de que nuestra capacidad analítica está un punto por encima de la del vecino.

A este respecto, dicen que todos los jugadores de ajedrez se consideran mejores de lo que en realidad son, y mientras atribuyen sus victorias a su formidable capacidad para desarrollar una estrategia, achacan sus derrotas a un despiste o a un insignificante error que se les pasó por alto dejándoles a merced del adversario. De esta manera el “honor” permanece intacto ante el fracaso, pues este jamás es debido a una mayor pericia mental del contrincante, sino a una comprensible falta de concentración por nuestra parte.

Sabe el apostador habitual que este es un principio que se cumple a rajatabla en la ley del juego. La mayoría de los que aplicamos algún sistema con regularidad tenemos clara conciencia de estar apostando con la ventaja que nos da nuestra superior capacidad y templanza sobre la “plebe” de los apostantes. Somos más disciplinados, más calculadores, y estamos predestinados a triunfar donde otros fracasan. Lo peor es que este principio de superioridad es tan inamovible que no se modifica ni ante hechos tan contundentes como los saldos negativos, o los actos desesperados con los que a veces intentamos “reequilibrar” nuestros sistemas, porque si estas huidas hacia adelante salen bien, la alegría nos hace olvidar como han sido conseguidos los beneficios a costa de sacrificar “el sistema”, y si salen mal, el error ha sido precisamente el sacrificio del sistema, con lo que hacemos tabula rasa bajo la promesa de que no lo volveremos a hacer más, y vuelta a empezar. Siguiendo la lógica del jugador de ajedrez, somos superiores hasta en la derrota.

BUSCADORES DE VENTAJA

Un jugador es por definición un ventajista. Alguien que confía en tener “algo” que le da un plus sobre el desastre financiero que presagian las estadísticas puras y duras del juego. Dejemos a un lado a quienes consideran que ese “algo” es la suerte, porque siendo esta un elemento imprescindible en el juego, no puede ser jamás un justificante per se de nuestras apuestas. Puedo forrarme pronosticando una victoria del Muebles López en casa del Manchester, pero ese tipo de “estrategia” no puede durar siempre. De manera que el jugador “serio” es el que trata de obtener un pequeño beneficio basándose en un riesgo mínimo, es decir, en tener sólo un poquito de suerte. Porque no nos engañemos, la buena suerte no dura toda una vida, pero la mala suerte puede arruinar el mejor de los sistemas. En cualquier caso a lo que nos enfrentamos es a un sistema de probabilidades estudiado hasta la saciedad por las casas de apuestas, que a través de las comisiones destruyen la paridad del sistema. Es decir, hemos de recuperar la comisión y aún así ganar algo más para obtener beneficios. Visto de una manera fría la desventaja del apostador es manifiesta, ya que aunque dedicase todo su tiempo al estudio de las probabilidades, en primer lugar jamás podría estar seguro de que sus cálculos son ciertos, y si lo estuviese, difícilmente obtendría un “error” en las cuotas de las casas de apuesta que le permitiese jugar con ventaja suficiente para igualar las comisiones y encima sacarse unos eurillos de propina. Pero es que aún consiguiendo ese margen teórico de probabilidades, finalmente tendrían que cumplirse los pronósticos, ya que todos sabemos que agarrar una cuota ventajosa no sirve de mucho si el resultado acaba por no darse.

La conclusión más lógica, matemática y desapasionada es sencillamente: NO JUGUÉIS. Salvo que en realidad os de lo mismo perder algunos eurillos, lo cual es absolutamente ilógico, antimatemático y no diría que apasionado, pero si candoroso.

NUESTRO LUGAR EN LA PIRÁMIDE DE PÉRDIDAS-BENEFICIOS

Ahora bien, tampoco se puede negar que aparte de las Casas de Apuestas, que juegan con la ventaja de sus comisiones, el resto de los jugadores siempre pueden aspirar a ocupar el espacio más alto en la pirámide de pérdidas-beneficios del sistema. Es decir, que si ponemos en la base los que pierden mucho, que son la mayoría, en el medio los que pierden poco, que son algo menos, y en la parte superior los que ganan, que son un porcentaje muy reducido, uno puede pensar que esta preparado para ocupar esa élite de ganadores. Es decir, que a través de la vanidad podemos llegar al convencimiento de que tenemos el talento y el temple necesario para situarnos muy por encima de la media de los apostadores. Es curioso que ignoremos en este caso el factor suerte, y decidamos que en un sistema tan complejo como el de las apuestas vamos a andar tan sobrados de buen hacer, que ni siquiera nos hará falta tener la fortuna de nuestra parte para ocupar “nuestro” sitio en la parte superior de la pirámide.

Alguno se preguntará ¿Qué porcentaje de personas ganan regularmente con un sistema? Bien, no se me ofenda nadie si digo que serán aproximadamente un 10% de los que dicen hacerlo. Recordad que hay personas que cobran por publicitar las casas, y dicen estar llevándose un pastizal utilizando sistemas más viejos que la Sarita Montiel, sistemas que os aseguro que os llevarán a la ruina más pronto que tarde, pues suelen estar basados en aumentar el riesgo al mismo ritmo que las pérdidas. Por otra parte estamos los vanidosos, es decir, la inmensa mayoría que consideramos que estar en la élite es una cuestión de “listos”, que por un lado no vamos a reconocer fácilmente nuestras pérdidas, y por otro vamos a exagerar nuestros beneficios. También están los que llevan una contabilidad creativa y que, aparte de a los demás, acaban por engañarse a si mismos. ¡Ah sí! Y luego están los que son “listos”, ganadores y honestos, es decir los que dicen exactamente lo que ganan, y que además podéis tener por seguro que son altos, guapos y elegantes, de estos fiaros menos que de ninguno.

De manera que el objetivo del apostador habitual es ubicarse en un olimpo realmente muy estrecho, a base de talento, sistema y sangre fría. Porque indudablemente, si se ha de seguir un método “científico” todas las condiciones han de estar controladas. ¿Y que condiciones son esas? Fácil:

1.- Un sistema fiable
2.- Un absoluto autocontrol para seguir los parámetros del sistema a rajatabla
3.- y ¡SUERTE!

¿Qué decir respecto al punto 1? No hay nada nuevo bajo el sol, y si lo hubiera las casas de apuestas lo incluirían en sus parámetros. La mayoría de la gente usa y recomienda variantes de sistemas que llevan años usándose con desigual fortuna. Usar uno de ellos es mejor que no usar ninguno o que estar convencido de que uno es un genio y va a encontrar por si sólo el sistema perfecto. Qué puede ser, pero que es una lástima que en tal caso el susodicho genio no se encuentre de catedrático en un departamento de matemáticas de Berkley. En general, la mayoría de los jugadores somos algo más del montón, de manera que hacedme caso y antes de jugar aprended primero las formas más habituales en las que el resto de la humanidad lleva años perdiend… perdón, jugando.

El punto dos es el más curioso de todos, porque todo el mundo dice tenerlo dominado, y es el que acaba por vaciar los bolsillos de la mayoría de los jugadores. Cuando empezamos a jugar todos pensamos que llegado el momento de la pérdida la asumiremos con naturalidad, y sin embargo os puedo asegurar que son muy pocos los que aprenden a controlar sus emociones durante el juego. En general, las apuestas suicidas de los jugadores son la principal fuente de financiación de las casas, por encima de las comisiones. Pues en la mayoría de los casos, aunque un jugador vaya ganando dinero (o precisamente por ello) existe una altísima probabilidad de que acabe dejándose llevar por una repentina pérdida y acabe subiendo las inversiones para recuperarse. De manera que en general cuando ganamos ganamos poco, y cuando perdemos perdemos todo. Sí, sí, hay gente disciplinada que acepta una derrota y sigue apostando según sus parámetros como si nada, pero creedme, se cuentan con los dedos de la mano, la mayoría de los que aquí os digan “no, no yo no rompo jamás el sistema”, han hecho alguna “trampilla” cuando van perdiendo, para tratar de reajustar el sistema. Lo peor de esas trampas es que si te salen mal pierdes todo, y si te salen bien… también, porque te acostumbras a hacerlas y la suerte no puede durar para siempre.

Y luego está el punto 3, otra vez la puñetera suerte. Osea, que encima de encontrar y entender un sistema regular (bueno, no hay ninguno, como los suegros), y tener nervios de acero para no dejar llevarse por la pasión, tienes además que tener champa, porque sino ni con partidos amañados. ¿Entonces para que tomarse tan en serio lo del método? Pues en casos particulares para no tener demasiadas pérdidas, pero en general, para introducirse en el juego y acabar apostando a cara o cruz contra una moneda trucada por la banca.

CONCLUSIONES

La conclusión de esta tediosa perorata es sencilla. Apostar en un sistema desequilibrado por las comisiones y controlado por sistemas informáticos y estadísticos más complejos de los que uno puede manejar en su casa con un pentium, es un acto irracional, casi una donación a esas piadosas y entrañables samaritanas que son las casas de apuesta, a las que algunos parecer querer y defender tanto en estos foros. De manera que si finalmente, y en contra de vuestro propio patrimonio habéis decidido apostar tened en cuenta las siguientes reglas de oro:

1.- Limitad las pérdidas pero en serio. Si decis 100 al mes, 100 al mes, ni un céntimo más.

2.- No os fiéis ni de vuestro padre. No hay fórmulas mágicas, ni sistemas maravillosos. Tenéis un alto porcentaje de palmar y una pequeña posibilidad de ganar algo, asumidlo así.

3.- Si queréis haceros ricos jugar a la lotería, con una vez que os toque os podéis retirar. En las apuestas, si lo hacéis regularmente, ganaréis de muy poco en muy poco si ganáis, porque ganar mucho requiere jugarse mucho o arriesgarse mucho, y en ambos casos no merece la pena.

4.- No hagáis caso de los que os dicen “sed honestos con las casas de apuestas”. Ellos no los son con vosotros. Son empresas privadas con ánimo de lucro que se lo llevan crudo, muchas veces a costa del sufrimiento de personas que tienen serios problemas de ludopatía, o sencillamente de gente que se deja llevar y se gasta en poco tiempo un dinero que se ha ganado con mucho esfuerzo. Algunos os dirán “cada uno es mayorcito”. Cierto, pero el resultado de la irresponsabilidad, la ingenuidad o la enfermedad de algunos jugadores sigue siendo igualmente triste, y es más fácil juzgar duramente a los demás que ponerse en su lugar. O sea que si podéis pillarles en renuncios con las cuotas, con los marcadores o con cualquier otro fallo de los operarios, hacedlo sin miramientos. Ellos no van a dejar de forrarse a costa de la miseria ajena, y también forma parte de su responsabilidad poner los medios para que no les ocurran esas cosas, para eso “son mayorcitos”. Tened en cuenta que si una casa se deja muchos “agujeros”, acabará por contratar más personal para controlar cuotas y marcadores, con lo que pillarles en un renuncio es estar fomentando el empleo. De todas maneras, si empezáis a ganar dinero os mirarán con lupa y os “caparán” las apuestas, así que no tengáis esperanzas de llegar demasiado lejos con estos trucos.

5.- Con 100 euros se puede ir al cine con palomitas, merendar, tomarse un par de copas y volverse a casa en taxi. ¿Merece la pena regalárselos a alguien a quien le sobra la pasta? Vosotros mismos.

Un saludo.

Posdata: ¡Y cuidado con los sistemas de pago! Yo ya conté en un post la poca seriedad de BET365 con mis datos de cuenta, pero no es un caso aislado. En general a las casas de apuestas les fastidia pagar, saben que si mantienes los beneficios unos días más en tu cuenta, acabarás por jugártelos, de manera que retrasan pagos, y se amparan en sistemas de seguridad para pedirte 500 confirmaciones y documentaciones, esas mismas que no te solicitan jamás cuando se trata de ingresar dinero. Manteneos firmes en vuestras solicitudes, mandarles todos los datos que os reclamen, y cobrad, coño, que para eso se juega.