Codere Online, S.A.U., operador con licencia en España y propietario de la famosa casa de apuestas conocida como Codere, lanzó hace meses un laureado anuncio cuyo eslógan es: «Si lo sabes y no apuestas, duele». En él, aparece alguien que había pronosticado un 3-1 en un partido del Real Madrid, pero que no había apostado a favor de dicho resultado. Durante el anuncio, la televisión informa del marcador final del partido (3-1) y el chico la mira con un gesto que transmite sin lugar a dudas una mezcla de profundo disgusto, rabia y arrepentimiento por no haber apostado.



El anuncio como tal es ciertamente muy astuto, muy empático, porque reproduce una de las experiencias de frustración más habituales en el apostante: la de no haber apostado a favor de algo que pensó que sucedería. Por tanto, cabe creer que la campaña publicitaria cumplió muy eficazmente su propósito de incitar a los jugadores para que apuesten sin dudarlo siempre que crean en la posibilidad de algo. Pero he ahí el quid de la cuestión:

Nunca hay que apostar a favor de algo porque se crea que sucederá, sino solo si se cree que sucederá y además se interpreta que está bien pagado.

¿Cómo podemos interpretar si una cuota paga bien o paga mal la posibilidad de que ocurra algo que creemos que ocurrirá? Calculando la probabilidad que expresa dicha cuota de que ocurra. ¿Pero cómo? Grosso modo, así:

Dividiendo 1 entre la cuota y multiplicándolo por 100. Por ejemplo, para un cuota @ 1.80, 1/1.80= 0.56*100= 56%.

La pregunta a partir de entonces sería, ¿creo, después de haber analizado el partido con los mejores recursos de los que he podido disponer, que la probabilidad de que eso ocurra es mayor del 56%, o menor? Si creo que hay más del 56% de probabilidades de que ocurra y la casa de apuestas está pagando como si hubiera un 56%, entonces el juego es en teoría ventajoso para el apostante y debería apostar. Si no es ventajoso el juego, no debería apostar aunque crea que eso sucederá y por lo tanto, «Si lo sabes y no apuestas, no duele».

Cuánto apostar es harina de otro costal y será abordado en otro hilo.

Por supuesto, cabe la posibilidad de apostar cuando el juego es desventajoso y ganar, pero a la larga perderemos porque en un juego desventajoso, por definición, nuestra esperanza es negativa y dicha esperanza se adueñará tarde o temprano del resultado general de nuestros balances.

Estos conceptos son generales y orientativos. Está además la cuestión del payout; y un jugador podría ganar a la larga asumiendo teóricas malas apuestas porque su cálculo de probabilidades fuera exageradamente impreciso, y lo favoreciese cuando según sus cálculos debería estar prejudicándolo. El cálculo de la probabilidad de un evento lógicamente no se puede objetivar, pero es importante basarse en la consigna de no apostar cuando creemos que no nos pagan bien algo, incluso si creemos que será lo que suceda.

Nótese, por otra parte, que el anuncio de Codere utiliza el mercado de "MARCADOR CORRECTO", un mercado infernalmente aleatorio, ni siquiera mínimamente manejable desde el punto de vista probabilístico para un apostante promedio no especializado. Y por otra parte, un mercado que ofrece cuotas a simple vista altas (pero bajísimas, en realidad). Lo que la casa de apuestas pretende es obvio.

Con la legalización de las apuestas, la consiguiente incorporación masiva de una enorme parte de la ciudadanía a un juego que se publicita exagerando sus beneficios y ocultando sus riesgos, ha desembocado en una preocupante ridiculización de quienes recomendamos apostar con cabeza aunque solo sea un euro. Se nos reprocha a los "plastas" estar oponiéndonos a algo que en teoría no implica ningún riesgo, como echarle unos eurillos al partido para vivirlo más intensamente. Sin embargo, ese antiintelectualismo va a la par de una ludopatía disparada en España. Creemos que en gran parte se debe a la ausencia de aprendizaje de conceptos tremendamente básicos y absolutamente accesibles para cualquiera como los recién expuestos; que por otra parte ayudan a la construcción de un paradigma serio, de corte psicológico prudente, en torno a las apuestas.

Es vital para el jugador aprender a apostar.